Se realizan sesiones de diagnóstico diferencial con el fin de establecer no sólo el juicio clínico, sino una evaluación cualitativa y exhaustiva de las distintas áreas del desarrollo de la persona con T.E.A y T.E.L.
Los Trastornos del Espectro Autista (TEA) así como otras alteraciones del desarrollo (por ejemplo los Trastornos específicos del lenguaje) se diagnostican en base a la presencia de unos marcadores o rasgos conductuales específicos. No existe ninguna prueba médica que nos permita identificar dichas alteraciones del desarrollo, por lo que, en esos casos, la evaluación y el diagnóstico se centran en la recogida de información exhaustiva acerca de la historia evolutiva del niño, la observación detallada de su conducta y la aplicación de pruebas estandarizadas concretas que permitan valorar de manera precisa distintas áreas del desarrollo.
En los últimos años se ha producido un avance muy significativo en la evaluación de los TEA y, actualmente, ya es posible emitir un diagnóstico fiable desde una edad tan temprana como los 2 años (Lord, 2005). Para ello, los profesionales encargados de la evaluación deben tener un conocimiento detallado tanto de los TEA como de los principales hitos evolutivos del desarrollo normal, además de poseer una amplia experiencia en el manejo de las distintas pruebas estandarizadas y estar familiarizados con los pasos que componen todo el proceso de evaluación.
La necesidad del diagnóstico y, principalmente, la necesidad de un diagnóstico temprano, queda justificada si se tiene en cuenta que el establecimiento del mismo va a permitir (1) la comprensión adecuada de las conductas y comportamientos del niño, (2) la incorporación a programas de intervención especializados y (3) el acceso a recursos educativos adecuados.
Desde Deletrea somos conscientes de la necesidad de realizar evaluaciones exhaustivas y detalladas del desarrollo del niño, por lo que un equipo de profesionales especializados y con una amplia experiencia en este campo, realizan las sesiones de diagnóstico empleando los sistemas de clasificación universalmente aceptados por la comunidad científica (DSM-IV-TR o CIE-10) y respetando los pasos recogidos en el cuadro anterior.
Siguiendo la Guía de buena práctica para el diagnóstico de los trastornos del espectro autista (Díez-Cuervo, et al., 2005), el objetivo de nuestra evaluación es, por una parte, establecer un diagnóstico diferencial e identificar posibles trastornos comórbidos y, por otra, determinar el perfil general de habilidades y deficiencias para elaborar un plan de intervención individualizado.
Para la recogida inicial de la información, además de utilizar entrevistas y cuestionarios estandarizados dirigidos tanto a padres como a otros profesionales implicados en la educación del niño (profesores, terapeutas, etc.), se solicitan informes previos y se mantiene contacto con el centro educativo donde está escolarizado el niño que acude a nuestra consulta. Se intenta recoger información sobre la conducta del niño en situaciones naturales, por lo que en el primer contacto telefónico con la familia, se solicitan vídeos y registros de conducta específicos.
En la sesión de evaluación (que puede durar uno o dos días), además de recoger información de la familia mediante una extensa entrevista, se realiza una valoración cualitativa y cuantitativa de las competencias del niño que incluye el estudio, a través de distintas pruebas estandarizas, de la inteligencia, las habilidades sociales, las habilidades de comunicación y las competencias adaptativas del niño. La evaluación incluye además un análisis específico de aspectos curriculares, estilo de aprendizaje y necesidades educativas del niño.
El proceso de evaluación finaliza con la elaboración de un informe completo en el que se describen todos los aspectos valorados, se emite un diagnóstico diferencial y se recogen, de manera detallada, orientaciones educativas y terapéuticas concretas que ayuden a familiares y profesionales a estimular el mayor desarrollo del niño.